Dilemas morales

El dilema del tranvía es un experimento mental ideado inicialmente por Philippa Foot. Multitud de autores han analizado posteriormente la cuestión, y propuesto diferentes variantes y soluciones. Se presentan en primer lugar cuatro dilemas en los que el lector deberá escoger la respuesta que crea correcta. A continuación, se expondrán las soluciones a dichos dilemas propuestas por FootThomsonFriedman.

I. El dilema del tranvía

Un tranvía en el que han fallado los frenos se dirige contra cinco personas que están trabajando en la vía. Si no se hace nada, dichas personas morirán. El maquinista puede, sin embargo, apretar un botón para cambiar al rail derecho en el que tan solo hay una persona trabajando, matando a esta, pero salvando a las otras cinco personas.

 

II. El dilema del hombre gordo

Un tranvía en el que han fallado los frenos se dirige contra cinco personas que están trabajando en la vía. Un sujeto S está observando la escena desde un puente, y en ese momento se detiene a su lado un hombre gordo. S sabe que si lanza al hombre gordo a la vía, este detendrá el avance del tren y salvará a las cinco personas, aunque a precio de matarlo.

 

III. El dilema del Juez

Se ha cometido un crimen, y algunos manifestantes furiosos toman a cinco rehenes y amenazan con matarlos a no ser que el juez ejecute al culpable. Sin embargo, se desconoce quién es el culpable. El juez, por tanto, tiene dos opciones, dejar que los manifestantes maten a los rehenes o ejecutar a un inocente para salvarlos.

 

IV. El dilema del médico

Un médico tiene cinco pacientes que necesitan un trasplante para sobrevivir y disfrutar de una larga vida, de lo contrario morirán en 24 horas. Cada uno de ellos necesita un trasplante diferente. Justo en ese momento llega un paciente a la consulta que resulta ser donante compatible de los cinco enfermos. Si lo matara y tomara sus órganos, podría salvar a los cinco enfermos.

Las respuestas comunes a los problemas 2-4 son que el sujeto S no debe lanzar al hombre gordo a las vías, el juez no debe culpar y ejecutar al inocente y el médico no debe matar al paciente. Por lo que respecta al dilema del tranvía, la respuesta más común que muestran multitud de estudios -y que espero se refleje en los resultados- es que el maquinista debe girar a la derecha para matar a una persona en vez a cinco. El problema consiste entonces en explicar esta diferencia de respuestas entre el problema uno y el resto, pues mientras que en el caso del maquinista nos parece aceptable que mate a una persona para salvar a cinco (y aunque pensemos que no debe girar el tranvía, puede igualmente parecernos aceptable que lo haga), no nos lo parece así en el resto de casos. ¿Aceptaríamos que un médico matara a uno de sus pacientes para salvar la vida de otros cinco? Parece que en ningún caso. Y aunque imagináramos el caso extremo de un paciente al que le quedara menos de una semana de vida y que con su muerte a día de hoy un médico pudiera salvar a cinco niños que de lo contrario fueran a morir en 24 horas, ¿consentiríamos la muerte del paciente para salvarlos, si esta muerte fuera contra de su voluntad? Creo que no. Lo aplaudiríamos como a un héroe si lo hiciera, pero en ningún caso lo obligaríamos a ello.

Así pues, si pensamos que el maquinista debe desviar el tranvía pero en el resto de casos no debe sacrificarse una vida para salvar a cinco, ¿cómo explicamos esta diferencia de posicionamiento?

Para dar respuesta a la cuestión, Philippa Foot distinguió entre aquello que debemos a la gente en forma de ayuda –deberes positivos– y aquello que debemos a la gente en forma de no interferencia –deberes negativos-, invitandonos a considerar los deberes negativos como más fuertes que los positivos. Es decir: tiene más peso lo que le debemos a alguien en forma de no interferencia que lo que le debemos en forma de ayuda.

Ello, en caso de ser correcto, nos ayuda a explicar las respuestas comunes a los cuatro dilemas. En el caso del hombre gordo, el juez y el médico, tiene más peso el deber de no interferir en la vida de una persona que el de intentar ayudar a cinco personas. A partir de esta idea, Judith Thomson formula el siguiente princpicio:

  • Primer Principio: Dejar morir a cinco mejor que Matar a uno.

Sin embargo, argumenta Thomson, el caso del tranvía es diferente, pues el conductor no se encuentra ante la decisión de dejar morir a cinco o matar a uno. Ambas opciones son deberes negativos: o interferimos en la vida de cinco personas, o interferimos en la vida de una. Por tanto, debemos tomar la opción que menos deberes negativos viole, es decir, la segunda opción, estableciendo el siguiente principio.

  •  Segundo Principio: Matar a uno mejor que Matar cinco.

Ahora bien, Alexander Friedman, el físico ruso, propuso una solución diametralmente opuesta, argumentando que no existe ninguna diferencia entre el dilema del tranvía y el resto de dilemas. El maquinista, argumenta, se encuentra en una situación análoga a las otras tres, en donde debe elegir entre dejar morir a cinco o matar a uno, no entre matar a cinco o matar a uno. El tren se está dirigiendo hacia las cinco personas. Si no hace nada, dejará morir a cinco personas, pero si actúa matará a una persona. Por ello, en base al Primer Principio, el maquinista no debe escoger la opción de girar el tranvía. Así pues, concluye Friedman, no hay nada que explicar. El dilema del tranvía es análogo al resto de dilemas, y en ellos la solución es clara y evidente.

La respuesta, en todo caso, no está clara, y se han propuesto cientos de soluciones posibles sin que ninguna de ellas haya llegado a ser completamente satisfactoria.

Y aún podemos complicar más la cuestión y plantearnos la siguiente variante del dilema del tranvía propuesta por Thomson.

V. El dilema del espectador

Un tranvía en el que han fallado los frenos se dirige contra cinco personas que están trabajando en la vía. El tranvía puede desviarse a la izquierda o a la derecha. En la vía derecha se encuentra una persona trabajando, que morirá. En la vía izquierda nos encontramos nosotros, y en caso de desviarlo hacia este lado, moriremos. Tenemos en las manos el comando que decide hacia dónde debe dirigirse el tranvía.

Caminos-vias-del-tren

AGL

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15 thoughts on “Dilemas morales

  1. La respuesta que menos me sorprende es la del físico ruso. Probablemente no tuviese en su infancia la menor influencia de los preceptos morales judeo-cristianos en los que se basa nuestra ética. En gente como Rubalcaba es frecuente este tipo de delirio.

    El primer caso es radicalmente distinto al resto y me explico: El caso del tranvía es un imponderable, en el que el único factor que cuenta es que ocurra un mal menor, en el que el maquinista no tiene por qué juzgar una cuestión de calidad sino una cantidad. Además está obligado a hacerlo puesto que aunque los frenos no sean su responsabilidad, conducir está en su mano y evitar una desgracia mayor también.

    En los otros casos, tanto el juez como el médico no actúan contra su obligación ni es responsabilidad suya los actos que cometan otros a partir de ello ni el desenlace. En este caso no pueden juzgar por una cuestión de cantidad. En estos casos se necesitaría en todo caso el beneplácito del afectado y entraríamos en una discusión distinta, la eutanasia activa o pasiva. Ciñéndonos al dilema no pueden tomar la vida del inocente o del paciente.
    Tenemos multitud de ejemplos de esto en naufragios, batallas, etc. donde se debía considerar el mal menor cuando el mal era inevitable pero si se condenó a náufragos por matar a alguien para comer. En muchas batallas modernas hubo un poco de todo, se justificó el envío arriesgado de tropas con la excusa de evitar tragedias posteriores, pero incluso ésto aparece contemplado en el código militar. Si es evitable, el fin no justifica los medios, por mucho que el fin sea conveniente para muchos, en todo caso asumiríamos la culpa compartida. Lo mismo sirve para justificar un caso parecido, en el que se da por hecho que muchos casos menores nos llevarían a un mal mayor. Por ejemplo, el caso de los soldados de Chernovyl. Aunque no te lo dicen al alistarte, está dentro de su compromiso dar la vida por el estado digamos, por los demás. Así se les envió sin muchos medios a una muerte segura y se acordonó la zona para fusilar a los que intentasen desertar. Los que sobrevivieron un tiempo contaron que les dijeron que eran soldados de la Madre Patria y era su deber, yo estoy de acuerdo aunque primero hubiese pedido voluntarios.

    La demostración de mi razonamiento la encontramos precisamente en el caso “V”, donde se nos pide que decidamos no entre una cuestión de número, sino entre el deber (incluso el moral) de preservar nuestra vida y el de darla, aquí el número es lo de menos. El maquinista no puede elegir entre la vida y la muerte, solo el número, en el caso 5 podemos y en principio debemos elegir vivir.

    Esto sí me parece interesante desde el punto de vista de la religión, porque los mártires sobre los que leemos no mueren suicidados, alguien acaba con ellos. Pero Dios nos condenaría por matarnos para salvar a un hijo o la vida del hijo es del designio divino y la nuestra también? Porque Jesucristo dio su vida por nuestra salvación, aunque no se suicidó tampoco…

    Así mi conclusión final es que el maquinista realmente no tiene que emitir juicio alguno sobre la vida o muerte, por ello no puede ser juzgado en su caso más que por elegir el mal menor, perfectamente aceptable, el resto de personas de todos los ejemplo deben emitir un juicio previo subjetivo. El médico podría elegir que no trata al paciente porque de todos modos morirá en unas horas, o días, o meses, etc. aunque no fuese a salvar a nadie gracias a él… sencillamente no puede decidir tal cosa. A partir de esto todo es posible, si por ejemplo todos juzgamos que la eutanasia es aceptable, incluidos los afectados, aunque la cuestión moral seguiría ahí porque todos podríamos ser pecadores aunque estuviésemos de acuerdo. Interesante.

    1. Duda.
      En el caso 5, no entiendo el razonamiento de matar al que está solo para salvarte tú. Me parece una decisión egoísta y cobarde, frente a que lo contrarío demuestra valor y heroicidad. Creo que, estando la decisión en tu mano, debes elegir morir a convertirte en un asesino. Cual es tu fundamento? Yo que soy de raíces católicas no lo veo como un suicidio (el suicidio “malo” para el católico es el que se comete perdida la esperanza en vivir), sino como un regalo, regalar la vida a un tercero.

  2. si decidimos verlo solo como un dilema moral dejando a un lado la etica y la logica basica. ninguna decicion te aria mejor o peor persona ya que la moral de cada uno siempre es buena para el individuo. es parte de la naturaleza humana buscar el bien, es solo cuestion de perspectiva.

  3. La culpa es inevitable en este caso.
    Pero la culpa de haber matado a 5 hombres por salvar solo a 1 que en 50/50 puede ser un buen hombre o uno malo.
    Pero si matamos a 1 hombre, obviamente sentiremos culpa al saber que aún tenía una vida por delante, mas el hecho de que 5 hombres fueron salvados y que al menos 1 valió la pena por ser un buen hombre, reconforta la culpa, mas no la libera.
    La cantidad claramente marca una diferencia del peso de culpa.

  4. Considero que la gran diferencia radica en que en el caso del maquinista ante la eventualidad del accidente, actuaría reaccionando instintivamente (instinto conservación de la especie) y desviaría al carril donde hay una sola persona. Claro que si nos dan tiempo para pensar en lo que sería lo justo nos encontraríamos en la misma situación que en los otros casos.

    1. Lo que dices me ha parecido interesante, y me ha hecho pensar en la siguiente variante del caso del hombre gordo. Supón que el tren va hacia las cinco personas y el sujeto que debe decidir qué hacer se encuentra al lado de las vías. A su vez juntó a él hay una plataforma con el hombre gordo que puede volcar su contenido en la vía mediante una palanca que está a disposición del sujeto. ¿No nos hallaríamos aquí ante una reacción instintiva similar? Y sin embargo parece que condenaríamos antes al sujeto que mueve la palanca para echar al hombre gordo a la vía que al maquinista que aprieta un botón para cambiar de vía.

  5. Los cuatro casos son, conceptualmente en topología moral, idénticos. Pensar que si uno mata a alguien con los puños o clavándole un cuchillo es asesinato, pero que si lo hace con una pistola no, porque es la bala la que lo mata, no la presión del dedo sobre el gatillo, es cinismo. Y la palanca del tranvía es un gatillo como una catedral. Es igual de asesinato que empujar al hombre gordo. Que mentalmente alejemos la acción asesina de nuestra persona no cambia nada. Es como decir que el piloto de un bombardero no mata a la gente y un soldado con bayoneta, sí. Y moramente, no es lo mismo matar que dejar morir. No se puede sacrificar a una minoría para salvar a una mayoría.

  6. Nadie es Dios aqui para decidir quien debe morir o vivir… La vida pone a las personas en ciertas circunstancias, quizas simplemente a esas 5 personas le llego su hora, quien soy yo para decidir que a ellos no pero a otro ( que ni si quiera esta en la via del tren) si

  7. ES IMPERATIVO CONSIDERAR QUE LA OMISIÓN DEVIENE EN UNA ACCIÓN, POR TANTO EL “DEJAR HACER, DEJAR PASAR” TIENE CONSECUENCIAS MORALES INESCRUTABLES. ACCIÓN U OMISIÓN SE IDENTIFICAN. EL DILEMA DEL TRANVÍA DEJA DE SER DILEMA; MORALMENTE AMBAS OPCIONES SON CORRECTAS, AUNQUE AMBAS TRAERÁN CONSECUENCIAS… ESA ES LA VIDA.

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