El referéndum en Cataluña

La cuestión del referéndum en Cataluña presenta cinco problemas que reclaman ser resueltos antes de su ejecución:

  1. La cuestión de la legalidad.
  2. La formulación de la pregunta y las posibles respuestas.
  3. El establecimiento de un porcentaje que haga relevante el resultado.
  4. Las condiciones de separación.
  5. El sujeto participante.

El primer problema responde al orden jurídico español vigente, que establece la ilegalidad de referéndums vinculantes con fines secesionistas. Así, para poder llevar a cabo una consulta de tales características debería modificarse en primer lugar la  constitución (artículo 168). En principio, toda persona democrática debería estar a favor de tal reforma –conste que la posibilidad de realizar un referéndum no implica necesariamente su realización. Para ello deben resolverse el resto de problemas.

El segundo problema se refiera a la pregunta que vaya a plantearse y sus posibles respuestas. Por ejemplo, si la pregunta fuera “¿Quiere que Cataluña se constituya en estado propio política y jurídicamente, independizándose del Estado español?” las respuestas podrían ser: “Sí”, “No si se le otorga el pacto fiscal en un periodo inferior a t, de lo contrario sí”, “No, pero quiero que se constituya en estado federal dentro de un estado federal español”, “No”. Hemos de exigir que la pregunta cumpla dos requisitos: claridad y realismo. La pregunta no debe ser farragosa, como lo fue en el caso del Quebec, y a su vez debe ser realista. De nada sirve preguntar, como sugirió el señor Mas: “¿Quiere que Cataluña sea un nuevo Estado de la Unión Europea?” si no se tiene la seguridad previa de que ello podrá ser así.

El tercer problema se refiere al porcentaje que haga válido el referéndum, aunque veremos por qué dicho problema queda subordinado al quinto.

El cuarto problema tiene que ver con las condiciones de separación. ¿Es una separación total o parcial? Por ejemplo, Cataluña podría mantener ciertos vínculos institucionales con España. Podría, como se ha sugerido, compartir las embajadas y ejército español pagando un alquiler. Por otro lado, ¿qué sucede con las deudas del estado español? ¿qué parte pertenece a Cataluña? Ello debe discutirse. Ahora bien, está claro que si Cataluña debe asumir una parte del pasivo español, entonces también debe llevarse consigo la parte correspondiente del activo –por ejemplo, el porcentaje ponderado de las reservas de oro del estado.

El quinto problema, que pretendo tratar aquí con algo más de detalle, es el que versa sobre el sujeto participante del referéndum, y es seguramente el punto que más separa a ambas partes. Dicho en pocas palabras, ¿deben votar tan solo los catalanes –opción catalanista- o deben participar todos los españoles –opción españolista- en un hipotético referéndum por la independencia de Cataluña? Aquí nos interesa averiguar cuál es la opción correcta, con independencia de quién la defienda en la realidad y qué grado de simpatía despierte en nuestra persona.

Los partidarios de la opción españolista argumentan de la manera siguiente:

“Yo, sujeto político español, he adquirido por nacimiento una parte de la soberanía de todo el territorio español. Puesto que Cataluña forma parte del territorio español, me pertenece una parte de su soberanía. Por tanto, tengo que participar en el referéndum sobre su independencia.”

Este es un argumento de carácter legal, que descansa sobre el artículo 1.2. de la Constitución “La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado”. Como tal es irrefutable, más aún cuando los catalanes han aceptado la constitución y han vivido regidos por sus reglas durante veinticinco años. Así pues, según la legalidad, un referéndum sobre la independencia de Cataluña debería ser votado por todos los españoles.

Los partidarios de la opción catalanista atacan dicho argumento de la única forma que pueden: colocando a la democracia por encima de la legalidad. Así, se habla de un “derecho a la autodeterminación” que estaría por encima de toda constitución y todo pacto legal, y que sería inmanente a la propia democracia; se dice que vivimos en un sistema democrático, no en una constitución; se argumenta que “la voz del pueblo” –de nuevo, la democracia- tiene prioridad ontológica sobre la legalidad.

No se trata aquí de negar o afirmar esta segunda opción, sino de mostrar sus consecuencias. Si obviamos la legalidad en favor de la democracia en lo que respecta al referéndum, obviamos toda unidad institucional vinculante, de tal modo que nos encontramos únicamente con individuos libres que ejercen su poder de decisión, y debemos aceptar el resultado de tal elección. Si no hay legalidad, no hay naciones más allá de los sentimientos personales de cada individuo. Así pues, pongamos por caso que en la provincia de Tarragona saliera el “No” por un 80%, mientras que en resto de provincias catalanas saliera el “Sí” por un 80%. En este caso, sería obligado permitir que el territorio de Tarragona siguiera formando parte de España, pues tal habría sido la decisión puramente democrática de sus miembros. Y lo mismo sucedería con todos aquellos municipios en los que el “No” obtuviera mayoría democrática. Al poner la democracia como criterio de lo aceptable obviamos toda definición de unidad territorial política –que es algo perteneciente al ámbito de la legalidad-, y nos encontramos únicamente con grupos de personas de los que debemos aceptar la decisión mayoritaria.

Así pues, debemos optar por la opción españolista para la realización del referéndum, es decir, aquella que dice que deben votar todos los españoles. Nótese además que esta opción es la única que aceptaría el gobierno español.

No hace falta ser muy perspicaz para adivinar el resultado de un referéndum de tales características: una victoria abrumadora del “No”. ¿Es por tanto inviable la independencia de Cataluña por la vía legal? De ningún modo. Pues en la inmensa mayoría de ciudadanos españoles impera una racionalidad práctica, y ello es altamente digno de consideración. Aunque el referéndum se realizara en toda España, el resultado relevante sería aquel obtenido en Cataluña. Pues la racionalidad práctica de la inmensa mayoría de españoles les lleva a afirmar que aunque ellos votarían que no en un referéndum de tales características, si en Cataluña hubiera un resultado abrumador del “Sí”, estarían dispuestos a cederles la independencia.

¿Qué sería un resultado abrumador del “Sí”? Ello nos devuelve al tercer problema. En principio, es razonable admitir que un 51% a favor del “Sí” no es suficiente para proclamar la independencia –aunque sí para mostrar que hay un grave problema en la sociedad- y que, por otro lado, un 75% a favor del “Sí” es un resultado suficientemente relevante para proclamar la independencia sin reticencias. El problema está en encontrar un porcentaje intermedio que ambos bandos acepten como relevante.

Lo único claro en el asunto es la pésima gestión que ha hecho el gobierno español del problema del independentismo. Igual que ha conseguido que cada día haya más parados, ha provocado que miles de personas engrosen el carro de la independencia. Y si continúa sin responder de ninguna manera, hará cierto aquel principio que reza que las cosas acaban cayendo por su propio peso.

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AGL

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6 thoughts on “El referéndum en Cataluña

  1. Tus premisas no son válidas por el hecho de estar redactadas siguiendo un patrón lógico. Puesto que Cataluña es España y España es Cataluña de facto y por muchas razones de pura historia que quizás no se ha estado enseñando correctamente a muchos catalanes (y tampoco al resto, el nivel a bajado mucho). La mera discusión del asunto ya escapa al razonamiento. Si la discusión fuese si en un estado cualquiera tiene o no derecho a decidir ir por donde le apetezca en cada momento puntual según su conveniencia, estaríamos en otro debate.

    Pongamos un ejemplo:
    Tengo dos hijos que tienen cosas en común, incluidos parientes y antepasados comunes pero aficiones distintas, además uno se crió conmigo y el otro vive con su madre ya que estamos divorciados. Les he ido dando dinero que cada uno ha estado ahorrando para comprar un Xcalextric y heredan el que yo usaba de pequeño. Hemos ido a comprarlo con sus ahorros y los míos y a los pocos días discuten entre ellos porque a los dos les gusta el mismo color de coche y solo quieren jugar con ése, además a uno le gusta jugar por la mañana y al otro por la tarde. Como ninguno quiere que el otro le estropee el juguete, el pequeño decide llevarse la parte proporcional de su compra, un coche, un mando y un tramo de pista, pensando que con piezas del hijo de mi vecino podrá montarse otro. Como yo soy uno de esos españoles que dices que tenemos una altísima racionalidad práctica (no hay más que ver a quién hemos votado en estos años y lo bien que hemos gestionado nuestras rentas y no me refiero a los políticos y banqueros solamente), decido que les prohíbo por su bien deshacer el juguete y dedicar más tiempo a enseñarles a compartir y a llevarse bien, ya que en su mayoría para empezar, el juguete no les pertenece y por las leyes de la naturaleza y la lógica es mi obligación aspirar a ello.
    Por tanto, como esos “racionalistas” han demostrado sobradamente no tener más entendimiento que mis hijos pequeños, el que decide soy yo, un gallego (que para estas cosas hemos demostrado ser mucho más cabales), nieto de un barcelonés de pro y con antepasados de varios lugares de España.

  2. Por cierto, dices que al pueblo español le corresponde una parte de la soberanía de Cataluña?
    “La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado”
    Ahí no leo “una parte”. Luego a ver si os entra en la sesera que no tenéis razón y que vosotros mismos no seríais ciudadanos comprometidos de ningún estado estable y legal jamás porque mañana Tarragona podría sumarse a Francia por ejemplo y pasado Barcelona unirse a Mónaco.

    – El gobierno español no tiene ningún problema con el independentismo ni tiene que gestionarlo.
    – Pagar un alquiler por el ejército? Jajajajaja, es para troncharse. Repartimos las cenizas de los soldados también?
    – El porcentaje ponderado del oro del estado creo que aún lo tenéis en Rusia, podéis reclamarlo a Putin, que es un tipo muy cachondo y a lo mejor le pilláis en un buen día. Si le contáis cosas como las que estoy leyendo seguro que le hacéis gracia.

  3. Al decir que al pueblo español le corresponde una parte de la soberanía de Cataluña, no he querido más que explicitar el argumento que comúnmente me han realizado las personas con las que he hablado que defendían que, en caso de realizarse un referéndum, debía realizarse en toda España. No veo porque dicha enunciación contradice que “La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado”. Tener derecho a una soberanía nacional es tener derecho a una soberanía en cada parte del territorio español.
    En efecto, Cataluña es España y España es Cataluña. Ello es así en dos sentidos, uno legal y otro cultural. Por lo que respecta al sentido legal, toda sociedad legalizada responde a un pacto. En este sentido, las sociedades son pactos contingentes, y no entes naturales e inmutables. Se forman, se modifican y algunas veces, simplemente mueren. Aquí mi postura es la siguiente: no pasa nada con los cambios en las sociedades mientras se hagan correctamente, que para mi es legalmente (ello es simplemente lo que quería mostrar).
    Por otro lado tenemos el sentido cultural. Enunciar las diferencias no implica romper la unidad. Que exista una cultura española común a todo el territorio español no significa que no hayan a su vez diferencias culturales entre los territorios. Por lo que a mi respecta, soy mitad catalán mitad aragonés. Así como descubro una cultura común a todos los españoles cuando viajo fuera de España y me comparo, por ejemplo con franceses o alemanes (puaj), descubro también diferencias culturales cuando viajo por España. Aragón, Cataluña o Galicia son España, y tienen un sin fin de lazos históricos y culturales comunes (que por cierto, no son en ningún caso naturales, sino totalmente arbitrarios y contingentes). Pero me parece innegable que también existen diferencias, y que cada región tiene unas formas de cultura diferentes y únicas.
    En este sentido, entiendo perfectamente que haya personas que se identifiquen más siendo catalanas que españolas. Esto es una cuestión de sentimiento, y como tal no es correcta o incorrecta: es sentida, y por lo tanto, verdadera como tal. Entiendo a su vez que estas personas quieran actualizar sus sentimientos en un proyecto político. Y mientras se atiendan a la legalidad, mi punto es: cada cual que haga lo que quiera. Por eso les digo a lo independentistas que si quieren la independencia el referéndum debe realizarse en toda España. Y creo que el resultado en Cataluña fuera de un 80% a favor del si, una mayoría de españoles acordarían en darles la independencia. ¿No está usted de acuerdo? Por lo menos el señor del pitbull daría su consentimiento, aunque no supiera que consiente. Aunque me interesa más la “racionalidad practica” presente en usted.
    A todo esto, ni me siento demasiado español ni demasiado catalán. Y no me tome por un independentista. A mi solo me importa que mi circulo social mas cercano (amigos y familia) estén lo mejor que puedan estar sin perjudicar razonablemente a otros.

  4. Veo mucho peor la postura que niega la libertad de un 80% de personas a autodeterminarse que la que la afirma. En todo caso si me da una buena argumentación estoy dispuesto a cambiar mis principios. Ya sabe que hoy en día todo va por modas.

  5. Precisamente, el hecho de que el destino de las vidas humanas, del desarrollo de una sociedad y todas esas frases grandilocuentes que a lo dos se nos puedan ocurrir pueda depender de una moda es bien triste. Que las mentes inconscientes de personajes como el del pitbull, que también por desgracia son muy comunes, puedan ser como han sido manipulados por los intereses de una casta que de política tiene muy poco, aprovechando casi siempre el descontento de las clases desfavorecidas e ignorantes para mantener una posición dominante frente a un patrimonio cultural e histórico indiscutiblemente común es inaceptable.
    Por tanto, tengo razón al opinar que al final lo que vamos a discutir es si efectivamente cualquiera puede hacer lo que le da la gana (aparentemente). Entonces, olvidemos ya todos esos brillantes argumentos de los independentistas que intentan justificar el deseo de unos pocos basado más en la insensatez que en otra cosa.
    Hubo un tiempo en el que efectivamente las naciones se formaron por una serie de valores comunes, con el precio de la sangre derramada y con una aristocracia que a pesar de sus defectos era la poseedora de toda una herencia cultural que refleja el ahelo de la raza humana de trascender el presente.
    Si hablas a los nacionalistas gallegos de cultura, pronto te hablan de Alfonso X el Sabio, pero todos ignoran que es él sobre el que se sustenta el sistema jurídico de toda España por ejemplo, o que los colores de la bandera española tengan su origen en el condado de Barcelona, o que la primera plaza de toros fundada en la península esté en Tarragona.
    Yo sí me siento catalán, y gallego y andalúz y español y europeo y espero el día en el que para defender todas esas personalidades no sea necesario dar la espalda a todo lo que nos ha unido. Como también considero estupendo que existan más naciones y que seamos capaces de llevarnos bien con todas. También se olvida cómo acudieron los madrileños en ayuda de Cataluña frente a Napoleón y su primera derrota, no en Bailén sino en Barcelona o el primer levantamiento organizado de las milicias gallegas contra los invasores, alabado por los comandantes ingleses y puesto como ejemplo por ellos para que toda España se sumase a la resistencia.
    Filosofemos, sí, siempre, hay algo más español? pero no utilicemos excusas y titulares que no expresan lo que estamos hablando. Y tampoco hablemos de realidad, porque nadie se explica España sin Cataluña ni Cataluña sin España.

  6. Había un tipo que se sentía, austriaco-polaco-danés-belga-francés-checo… pero al menos se tomó suficientes molestias para demostrar ese cariño a todos.

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