1/2. Reflexiones sobre el aborto

Clásicamente las discusiones sobre el aborto se han centrado en el concepto de persona. Desde esta perspectiva, el problema resulta de considerar en qué momento el no-nato puede ser considerado como una persona, y por tanto, como un sujeto político sometido a derechos, entre ellos el derecho a la vida.

Los pro-abortistas trazan una línea divisora entre el no-nato y la persona en algún momento determinado del embarazo. Los anti-abortistas, por otro lado, afirman que una vez se ha dado la fecundación y ha aparecido el embrión, ya debemos considerarlo como una persona.

La tarea de la filosofía es mostrar que ambas argumentaciones son incorrectas ya que, aceptando sus premisas y arrastrándolas hasta sus últimas consecuencias, llegamos a absurdos. Es decir, se mostrará que: si trazamos una línea divisora entre el no-nato y la persona en algún momento del embarazo, llegamos a un absurdo; si concebimos al embrión recién fecundado como una persona, llegamos a otro absurdo. Las argumentaciones que veremos son un tanto sutiles y complejas, por lo que se requerirá la atención del lector.

Ello implicará que las discusiones sobre el aborto no pueden basarse en dichas concepciones. Deberán basarse en otro tipo de cuestiones, como los derechos de la mujer, la libertad de elección de cada cual o el simple consenso de una sociedad, lo que se examinará en el siguiente artículo.

Un último apunte. Técnicamente hablando, se considera el embrión como la etapa inicial del desarrollo, que va desde la fecundación hasta la octava semana, momento en que ya no se producen órganos o tejidos nuevos, sino que tan solo se desarrollan los ya existentes, momento en que se considera feto.

I. Los pro-abortistas

Los pro-abortistas trazan una línea divisora entre el no-nato y la persona, que suelen situar en las doce semanas, colocando la legislación española actual (Ley Orgánica 2/2010) el límite para el aborto libre en las catorce semanas. Para justificar tal frontera, los pro-abortistas se apoyan en consideraciones más o menos científicas sobre el desarrollo del no-nato, argumentando que tan solo se le puede considerar persona cuando ha completado el desarrollo embrionario, es decir, cuando se ha convertido en feto.

Ahora bien, tal discurso sufre un grabe problema argumentativo, no científico, que en lógica se conoce como la paradoja del sorites. Si en un instante t consideramos al no-nato como una persona, también debemos considerarlo como tal en t-1 segundos, que llamaremos t’. ¿O es que realmente un solo segundo marca la diferencia entre ser persona y no serlo? No parece razonable. Así, por tanto, en t y en t’ el no-nato es persona. Ahora bien, procedamos de igual modo. Si en t’ consideramos al no-nato como una persona, como acabamos de ver, también debemos considerarlo como tal en t’-1 segundos, que llamaremos t’’. ¿O es que, de nuevo, realmente un solo segundo marca la diferencia entre ser persona y no serlo? No parece razonable. Y así, de la misma manera, si en t’’ consideramos al no-nato como una persona, también debemos considerarlo como tal en t’’-1 segundos, que llamaremos t’’’. Procediendo de tal modo, por pasos puramente lógicos y deductivos, retrocedemos mucho más allá de las doce semanas, llegando a la conclusión de que en t^n, momento de la fecundación, el no-nato es un persona, hecho que los pro-abortistas niegan rotundamente, y que en t^n-1, es decir, un segundo antes de la fecundación, momento en que no hay siquiera embrión, también debemos considerar que hay una persona, lo cual es, sin duda, un absurdo.

Al lector que entienda el primer paso pero le cueste ver que hayamos llegado a tal absurdo final, debe pensar que en cada uno de los pasos nos estamos preguntado ¿un solo segundo marca la diferencia entre ser persona y no serlo? o también ¿una milmillonésima de segundo marca la diferencia entre ser persona y no serlo ? Y como no parece razonable afirmar tal hecho, la conclusión se sigue lógicamente de aceptar las premisas, por muy extraña que esta nos resulte.

Ello significa que la afirmación pro-abortista de la existencia de una línea divisora entre el no-nato y la persona en algún momento determinado del embarazo carece de sentido lógico, y por tanto implica que no es válido argumentar de tal manera.

Y si alguien nos dijera “los pro-abortistas sabemos el momento exacto en que surge la persona, que es cuando el embrión pasa a ser feto, es decir, cuando ya no se producen órganos o tejidos nuevos” habremos de responderles “¿Entonces usted afirma que una milmillonésima de segundo antes de la formación del último tejido aquel ser no podía considerarse persona, es decir, sujeto político con derechos, y que una milmillonésima de segundo después sí que lo era? ¿Qué una milmillonésima de segundo antes podíamos matarlo sin ningún inconveniente, porque no era persona, y una milmillonésima de segundo después no? Y como es del todo irracional afirmar que una milmillonésima de segundo pueda marcar la diferencia entre ser persona y no serlo, entre tener derecho a la vida y no tenerlo, considerar una frontera de ser persona nos conduce al absurdo de la paradoja del sorites, lo que indica que la posición inicial no es correcta.

II. Los anti-abortistas

Por otro lado, los anti-abortistas afirman que una vez ha aparecido el embrión ya debemos considerarlo como una persona –sujeto político que goza de derechos. Ahora bien, esta manera de argumentar sufre a su vez una incoherencia lógica –se toma aquí la posición anti-abortista no religiosa, pues contra la religiosa, al asumir la existencia de Dios, no se puede argumentar, por claros motivos onto-teológicos.

Las cosas pueden ser en acto o en potencia. Una semilla es tal en acto, pero es en potencia un árbol. Ser en acto es lo que algo es en un momento determinado, y ser en potencia es en lo que ese algo puede convertirse. Pues bien, los anti-abortistas respaldan su consideración de persona respecto al embrión en el hecho de que este es un ser humano en potencia, ya que si es ser persona es porque se considera un ser humano, y es claro que no se le puede considerar como un ser humano en acto, así como a la semilla no se la puede considerar como un árbol en acto.

Debe quedar claro este punto, y es que para los anti-abortistas la característica del embrión no es que sea una célula, sino, precisamente, un ser humano en potencia. Por ello es persona, por ser un ser humano en potencia. El embrión como entidad física es totalmente irrelevante. Lo único que cuenta es la potencialidad de ser hombre que presenta esa entidad física.

El embrión es, por tanto, un estado de cosas que potencialmente puede formar un ser humano. Aunque es a su vez una potencialidad contingente, no necesaria. Es decir: no es seguro que el embrión vaya a desarrollarse en un ser humano en acto. Puede perfectamente suceder un aborto natural. Es por tanto una potencialidad contingente, es decir: el embrión es un estado de cosas que en potencia puede llegar a ser un ser humano en acto, pero no tiene porqué.

Ahora bien, fijémonos que dos personas cualesquiera de géneros opuestos, se conozcan o no se conozcan, vivan o no vivan en el mismo país, forman un estado de cosas idéntico al del embrión. En tanto que individuos de géneros opuestos, forman un estado de cosas que en potencia puede llegar a formar un ser humano en acto, pero no tiene porqué. Exactamente lo mismo que el embrión. Es decir: Juan y María, aunque no se conozcan, potencialmente forman la posibilidad del surgimiento de un ser humano en acto, que no es necesaria sino contingente.

Recuérdese que para los anti-abortistas el embrión como entidad física es irrelevante. Lo único que cuenta es la potencialidad de ser hombre que presenta esa entidad física. De la misma manera, las entidades físicas Juan y María presentan también la potencialidad de un ser humano.

¿Ello que significa? Que cada persona forma con las de todo su género opuesto potencialidades de seres humano, que cumplen las mismas características que las del embrión. Pero sería absurdo afirmar que el ser humano potencial que conforman Juan y María merece el estatus de persona, ¡teniendo así el derecho a la vida y obligando por ley a Juan y a María a tener un hijo!

Así pues, si consideramos al embrión como una persona, sujeto político que goza de derechos, llegamos al absurdo de que dos personas cualesquiera de géneros opuestos conforman entre ellos un ser humano en potencia que por tanto debemos considerar persona, estando sometido al derecho a la vida. Así pues el argumento anti-abortista nos conduce, a su vez, a un absurdo, por lo que no puede considerarse válido.

 III. Conclusión

No podemos considerar al no-nato como una persona recurriendo a razones científicas (pro-abortistas) o a razones metafísicas (anti-abortistas), porque en ambos casos las concepciones que conllevan nos conducen a absurdos.

Por tanto, si queremos defender o negar el aborto tenemos dos posibilidades: (1) presentar un concepto de persona basado en otras razones que no sufra las incoherencias mostradas o (2) presentar otras razones que no se basen en el concepto de persona.

Imagen 2

AGL

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4 thoughts on “1/2. Reflexiones sobre el aborto

  1. Si aplicas la misma vara de medir a una patente, aunque el producto no se haya fabricado y no puedas hacerte con él, pronto descubres que la gente llega rápido a un consenso. Ahora imagina que patento una vacuna contra el SIDA pero como la idea es mía y mi cerebro también, decido que no te dejo usarla y que además la quemo. O si aún dudas imagina que patento una mutación del ADN que hará que los que pertenecéis a tu etnia desaparezcáis de la faz de la tierra sumidos en tremendo dolor como decían los antiguos. No sé si esto suena absurdo, pero en ambos casos ya es posible científicamente hablando y en los dos casos hablo de proyectos no-natos.
    Por tanto, tiene derecho a producirse y desarrollarse ese proyecto de investigación independientemente del recipiente que lo contenga una vez puesto en marcha?
    Y por último, en el primer caso he mentido, no hay tal vacuna contra el SIDA, el que iba a patentarla ha sido abortado hace unos minutos y ahora tenemos que esperar 100 años a que nazca una mente como la suya, que saldrá, pero será un gran futbolista, no un gran científico, lo que sin duda hará más grata la espera de los que sobrevivan otros 100 años.

    Ya puestos… qué es ser persona? porque si damos con la solución habremos resuelto muchos problemas. Por ejemplo: Zapatero es persona? Si no lo es… me dejáis que le aplaste la almendra?

  2. Veo un error en el razonamiento segundo, la posición anti-abortista: parece ser que un pro-vida afirma que el embrión humano ya es persona, y a continuación especificas que se le considera efectivamente como persona, pero solo en potencia.
    Ahora bien, mientras que el conjunto de un óvulo y un espermatozoide humanos y viables, siendo seres diferentes, forman una persona en potencia, resulta que en acto no pasan de ser dos gametos.
    En cambio, un embrión humano no sólo es una persona en potencia, sino también en acto. De hecho, desde el instante de la fecundación, no dejará de ser una persona ni en potencia ni en acto: si no fuera ya persona en acto, nunca lo sería, ya que su naturaleza no varía ni antes ni después del nacimiento, que no deja de ser un hecho circunstancial. Y si no fuera persona en potencia, no podría crecer en ninguna de sus dimensiones.
    Resumiendo, la consideración de un ser en cuanto a su potencialidad cae en el absurdo si no es acmopañada de su esencia, máxime en una cuestión de tanta importancia como es la vida humana. Y ésta se conoce a partir de lo que es el ser en sí.
    Por cierto, se puede trasladar la pregunta del primer razonamiento, acerca de cuándo comienza la persona a existir, al instante biológico -casi bioquímico- de la fecundación, que está bastante estudiado.
    Y de postre, acerca de la “posición anti-abortista religiosa”, mencionar que la Iglesia se basa en el conocimiento médico para sostener la tesis de que el embrión humano es persona. Hace siglos, por ejemplo, al no disponer de la información con la que contamos ahora, se pensaba que el alma -y, por tanto, la condición de persona- no ‘aparecía’ en el feto hasta varios días después de la fecundación.

    1. La cuestión es, como bien apuntas, si a partir de la fecundación esa “célula” ya puede ser considerada una persona en acto. Que lo es en potencia nadie lo podrá en duda –presumo. Pero ¿lo es en acto? Para responder afirmativamente deberíamos dar la definición de lo que es ser persona, mostrar cual es ‘la esencia’ del ser humano, que comentabas. Y si en ese momento la “célula” ya cumpliera dicha definición, podríamos considerarla una persona en acto. Ahora bien, no tenemos una definición tal comúnmente aceptada, ni por parte de la filosofía ni por parte de la ciencia –donde tampoco hay, por ejemplo, una definición unívoca de lo que es la vida. En este caso, la ciencia puede determinar el momento exacto de la fecundación. Pero también dice que hay un cambio importante a las ocho semanas, en el paso del embrión al feto. ¿Es ese cambio cualitativo, definitorio? Si lo es, podría argumentarse que hasta ese momento la “célula” no es persona, sino simplemente eso, una “célula”. Como es imposible, al menos para mi, hallar una respuesta satisfactoria hablando del aborto en estos término, propongo en la segunda parte del artículo cambiar la discusión a un tema de valores –vida o libertad-, donde parece que la razón –y sino la “democracia”- podría dar una respuesta definitiva.

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