¿Por qué el hombre no hace lo que le conviene?

¿Por qué no va al dentista una vez al año? ¿Por qué, teniendo una semana de margen antes de un examen, empieza a estudiar tres días antes? ¿Por qué fue necesaria en España una campaña de concienciación para que todos los pasajeros de un coche se pusiera el cinturón? ¿Por qué a partir de los cincuenta y cinco no se hace un examen de próstata o de mama cada año? ¿Por qué no lee y hace deporte con regularidad?

Con toda seguridad habrá personas que ante las opciones enumeradas escojan las más convenientes. Sin embargo, lo más probable es que cada cual encontrase entre sus actividades cotidianas ciertas prácticas que aún sabiendo que no le convienen, las realiza, o al contrario, actividades que no hace y que sería conveniente que realizara.

Kant escribió su segunda Crítica para responder al interrogante ¿qué debo hacer? Sin embargo, el problema que estamos planteando surge justamente después: una vez que el hombre sabe lo que debe hacer, ¿por qué no lo hace? La cuestión, por norma general, no ha sido abordada de forma directa en la historia de la filosofía, aunque pueden utilizarse las diferentes concepciones políticas y antropológicas del hombre para tratar de comprender el problema.

En este sentido, una de las propuestas que más me han llamado la atención se desprende de la concepción del hombre que Rousseau presenta en el Discurso sobre el origen de la desigualdad. En él plantea la tesis de que el hombre no hace lo que le conviene porque, en resumidas cuentas, tiene una fuerte inclinación natural hacia la holgazanería. El hombre es, por naturaleza, un animal vago:

¿Por qué únicamente el hombre está sujeto a degenerar en imbécil? Esta facultad distintiva y casi ilimitada es el origen de todas las desgracias del hombre y lo convierte a la larga en tirano de sí mismo y de la naturaleza.

…Solo, ocioso y siempre rodeado de peligros, el hombre gusta del dormir y tener el sueño ligero… Constituyendo su propia conservación casi su único cuidado… Sus deseos se reducen a la satisfacción de sus necesidades físicas. Los solos goces que conoce en el mundo son: la comida, la mujer y el reposo…

…No aspira más que al reposo y la libertad; desea sólo vivir y permanecer ocioso.

Dicho principio choca de pleno contra la tesis aristotélica según la cual todo hombre por naturaleza desea saber, y nos brinda una imagen del hombre mucho menos glamurosa. Es cierto, por otro lado, que pueden y deben tacharse de reduccionistas las concepciones del hombre que limitan su ser a un único principio –como la sexualidad en Freud o las relaciones sociales en Marx-, argumentando, y con razón, que el hombre no es un solo qué, sino que es siempre un más qué.

Ahora bien, ello no debe hacernos descartar los principios reduccionistas, sino utilizarlos cuando nos sean pertinentes. Aunque el hombre no pueda reducirse a pura sexualidad, qué duda cabe de que en ciertas ocasiones tal principio explica perfectamente su comportamiento. De la misma manera, el principio rousseauniano del hombre como un animal inclinado a la holgazanería puede servirnos para responder a la pregunta que nos estamos formulando.

Aceptar dicha inclinación natural no implica, por otro lado, que el hombre deba dejarse dominar por ella. Pues el hombre goza a su vez de lo que comúnmente llamamos fuerza de voluntad, que resulta ser, justamente, el enemigo mortal de la holgazanería. Qué sea esta fuerza es algo que no está claro, aunque sobre ella podemos decir tres cosas: a) que se presenta en diferentes grados en diferentes sujetos, b) que surge del esfuerzo propio de cada cual, y c) que a mayor fuerza de voluntad menor inclinación a la holgazanería.

Así pues, siguiendo el principio rousseauniano, el hombre no hace lo que le conviene porque presenta una fuerte inclinación natural a la holgazanería. Sin embargo, puede vencer dicha tendencia mediante su fuerza de voluntad. Cuanta más fuerza de voluntad presente un sujeto, más acciones convenientes a su persona realizará, internándose con cada una de ellas en la senda del deber. Y en tanto que no elegimos aquello a lo que la holgazanería nos inclina, pues esta es una tendencia natural, sino que la elección descansa sobre el ejercicio de nuestra fuerza de voluntad, podemos concluir que cuantas mas cosas convenientes realicemos, más libres seremos.

sisifo2AGL

Anuncios

2 thoughts on “¿Por qué el hombre no hace lo que le conviene?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s