Las sociedades de control

gilles-deleuzeGuilles Deleuze escribió en mayo de 1990 un breve artículo titulado Post-scriptum sobre las sociedades de control. Es curioso percatarse de que cuantos más años pasan desde su publicación, más fuerza y verdad adquieren sus palabras, convirtiendo así al filósofo en profeta.

Deleuze caracterizó a nuestra época contemporánea como el paso de las sociedades disciplinarias, nuestro pasado más inmediato, a las sociedades de control, nuestro futuro más próximo. Las primeras nacen en el siglo XVIII, a partir de las sociedades de soberanía, y duran hasta la primera mitad del siglo XX, momento en que empieza a emerger una nueva forma de sociedad, que, paulatinamente, va dejando atrás la disciplina como forma de organización social en favor del control.

Las sociedades disciplinarias están organizadas en grandes centros de encierro: la familia, la escuela, el ejército, la fábrica, el hospital, la cárcel, la Nación… cada uno regido según sus propias leyes internas, que moldean la vida del individuo, el cual se va estructurando internamente a través de su paso por las diferentes instituciones disciplinarias. Se llaman sociedades disciplinarias porque el buen comportamiento del individuo se consigue a través de la disciplina.

Primero la familia, con los rituales de tradición y religión. Más tarde la escuela, donde el maestro es una figura impositiva, disciplinaria. En la escuela no se enseña, se educa. Al abandonar la escuela, el individuo entra en el ejército, institución de disciplina por excelencia. Luego vendrá la fábrica, donde los trabajadores deben realizar tareas cadena_montaje_toyota_aaespecíficas y delimitadas, inmersas en un periodo de tiempo medido al milímetro, por lo que la disciplina se hace imprescindible. Y entre tanto, habrá visitado el hospital varias veces, cuando no la cárcel. Todo ello desarrollado bajo los límites de un compacto Estado-nación que ostenta la absoluta soberanía de su territorio.

Sin embargo, tras la Segunda Guerra Mundial este modelo de sociedad empieza a mutar. Todos los centros de encierro atraviesan una crisis generalizada:

–       ¡La familia está en crisis! Piénsese en el número de divorcios y compárese con el de hace cincuenta años. Piénsese en la posibilidad del aborto, en las manifestaciones católicas a favor de la familia.

–       ¡La escuela está en crisis! Ya no existen los licenciados, sino las personas en continua formación, una formación que nunca acaba, que requiere toda una vida. La escuela y la universidad abren las vías, pero el aprendizaje final queda sustituido por la formación permanente. Lo hemos visto recientemente con la imposición del plan Bolonia: el examen único deja paso al control continuo.

–       ¡El hospital está es crisis! Aparece la automedicación, hecha desde casa. Ya no hace falta ir al centro de encierro correspondiente para sanarse. Y aparece el tratamiento preventivo, ¡que no necesita médicos ni enfermos!

–       ¡El ejercito está en crisis! Tanto que ya no es obligatorio. El soldado ya no es disciplinado, sino asalariado.

–       ¡La cárcel está es crisis! Háblenle a un preso de hace cincuenta años sobre la libertad condicional, sobre llevar una pulsera en el pie que controle su posición. Ahora los presos ya no deben estar en cárcel. Ahora aparecen las penas sustitutorias.

–       ¡La fábrica está en crisis! Y ya no se llama fábrica, sino empresa. La cual ya no se estructura por moldes fijos, departamentos estancos, como la fábrica, sino que se parece más a una red, en la que se interrelacionan múltiples sujetos, departamentos y procesos productivos. La empresa se ha desprendido incluso de sus fronteras físicas, creando un macroorganismo en el que no debe tener en cuenta tan solo a sus shareholders (accionistas) sino a sus stakeholders (“las partes interesadas”: accionistas, empleados, familias de los empleados, gobiernos, consumidores, proveedores, etc).

–       ¡El Estado está en crisis! Incluso la institución estatal ha abandonado la rigidez de sus fronteras y su soberanía en favor de múltiples instituciones internacionales (Unión Europea, FMI, BCE, ONU, BM, etc.) cuyo fin es controlar (o como se dice, supervisar) la actuación de los estados.

Imagen 1Los encierros son moldes. El individuo iba encajando y asimilando las normas de los diferentes centros, y de esa manera, por asimilación de las normas de conducta aceptables, la sociedad se organizaba y funcionaba. Sin embargo, hoy en día ha dejado de creerse que la disciplina de cada individuo sea suficiente para la organización de la sociedad. La nueva fuerza que entra en escena es el control, no la disciplina. En las sociedades de control el individuo deja de ser moldeado para ser modulado. El sujeto sometido a la modulación es un sujeto en proceso, cambiante, autodeformante: nunca acaba de ser nada completamente. Puesto que no está disciplinado, no es nada fijo, no tiene normas asimiladas: en todo cambia continuamente, y el entorno, reflejo de esa falta de disciplina, cambia con él.

Ya lo hemos visto con los estudios, la evaluación continuada sustituye al examen único, y la formación permanente al título de licenciado. Los salarios cada vez tienen menos parte fija y más variable, al contrario que en la fábrica. El contrato indefinido deja su paso al contrato temporal. Hemos dejado atrás la idea de permanecer cincuenta años en una misma empresa: el individuo tiene que ir cambiado de trabajo, adaptándose a nuevos entornos. La ventaja competitiva de las empresas ya no son los costes, sino la innovación continua. Los mercados ya no se conquistan por disciplina propia (que no es sino abaratar los costes), sino cuando se adquiere su control (cuando se pueden fijar los precios). Incluso ya no hace falta estar en la empresa para poder trabajar: puede hacerse desde la nube. El hombre ya no está encerrado, sino endeudado: es controlado por la hipoteca, que varía en función del euribor. ¡Incluso las máquinas cambian! Pasamos de los engranajes al ordenador, de lo analógico a lo digital, que necesita continuas actualizaciones, y cambia el sabotaje por la piratería como forma de destrucción. Desde Langley se controlan las llamadas y las redes sociales. Desde la termosfera, un gran ojo nos vigila continuamente. Se dice, incluso, que puede seguirse todo el recorrido de una persona que baja por la Quinta Avenida utilizando las cámaras de los comercios. Puede verse en vivo aquí.

Ahora bien, una pregunta parece surgir con fuerza: ¿Son preferibles las sociedades disciplinarias a las sociedades de control? A lo que Deleuze responde:

No hay lugar para el temor ni para la esperanza, sólo cabe buscar nuevas armas.

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(El lector que desee echarle un vistazo al documento original, que no tiene más de cuatro páginas, puede encontrarlo a continuación)

DELEUZE, Las sociedades de control

AGL

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7 thoughts on “Las sociedades de control

    1. Saludos,

      Langley es simplemente una manera de referirse a la CIA, por tener ésta la sede central en esa comunidad, unbicada en Virginia. La frase “Desde Langley se controlan las llamadas y las redes sociales” se refiere a las últimas noticias que salieron a la luz sobre el control que la CIA ejerce en dichos espacios.

      ¡No dudes en preguntar cualquier otra cuestión!

  1. Creo que es mejor ésta desde el punto de vista naturalista. La nueva sociedad garantizará que no podamos sobrevivir y expandirnos de forma incontrolada puesto que limita nuestra vida de forma absoluta. Lo contrario nos llevaría al colapso al ser una especie invasiva. Que sea mejor no significa que sea la mejor. Como yo nunca he creído en esta “democracia” y sí en la oligarquía objetiva como mejor forma para nuestra especie, lo que nos falta es alcanzar el nivel suficiente para dirimir quiénes pueden ser esos oligarcas que sean merecedores de tal puesto. De todas maneras, igual que el universo tiende al caos, nosotros también, así que importa poco a largo plazo.

    1. El problema de la oligarquía objetiva como forma de gobierno, con la que supongo que se refiere a una aristocracia (gobierno de unos pocos, que son los “ariston”, los mejores) es que la política es un asunto humano y como tal, las soluciones a los problemas no son objetivas, sino relativas, y por ello la democracia deliberativa parece ser la mejor forma de gobierno (seguimos en el mundo de la idealidad). Hay un ejemplo muy claro al respecto. Sobre 2009, cuando España estaba ya en plena crisis, sale el señor Friedman y otro premio novel de economía, y mientras uno defiende que España tiene que volver a la peseta sí o sí, el otro defiende todo lo contrario. Y eran dos premios novel de economía, dos “ariston”, dos de esa casta de “los mejores”, más defendían soluciones opuestas. El tema del aborto es otro en que la solución depende de la moral de cada cual, como tantos otros temas políticos.
      Por tanto, una oligarquía objetiva no soluciona los problemas, pues la solución de estos es subjetiva. Lo cual no implica, lógiamente, ni que todas las soluciones en política sean válidas, ni que el conocimiento no ayude a dirimir mejor entre las opciones. Por ello se confía en la democracia deliberativa.

  2. Digo oligarquía porque aristocracia supone que es hereditaria, por lo que contradice mi principio. El problema de la democracia, sea del tipo que fuere, es que tu vida depende de la mayoría siempre y la historia demuestra más frecuentemente que la mayoría no suele tener razón. Además, si digo objetiva y me baso en principios naturales es porque aunque efectivamente, la abeja reina de una colonia podría volverse loca (que sería eliminada) el hecho es que en su especie tiene un papel determinado.

    Oligarquía no significa absolutismo, como tampoco infalibilidad, puesto que hablamos de un grupo. Alcanzar la perfección en esto solo es una meta. Pero tengo claro que ese es el sistema natural en nuestra especie, y no solo en la nuestra, sino en todo nuestro género y orden. Es lo que nos ha traído hasta donde estábamos durante millones de años y se basa en algo a lo que hoy en día nadie está dispuesto, que es admitir que hay alguien más inteligente y preparado que tú porque nos venden la falsa idea de que todos somos iguales. Solamente el reconocer a esos individuos sería un buen indicativo de que nuestra sociedad ha alcanzado un alto nivel. Hay una cláusula aún así, que se debe perseguir como es el bienestar general y asegurar la continuidad de nuestra especie.
    Si observamos nuestro sistema (si se le puede llamar así) un político no tiene que tener una preparación específica para gobernar. Mientras que para tener un perro o una bola de remolque te exigen una serie de requisitos, para tener hijos, votar o gobernar apenas ninguno.
    Incluso si vamos a ejemplos extremos (lo que suele ser bueno para estudiar las cosas) un gobierno absoluto, una dictadura, etc. ha sido derrocado en numerosas ocasiones, mientras que a la democracia se la reviste de un halo casi divino e irrevocable, cuando como vemos de eso tiene muy poco.
    Otra cosa que hace falta es confiar en tu criterio y en el de aquellos de los que cabría MÁS objetivamente que cumpliesen su cometido.
    Yo suelo recurrir al famoso decálogo de Chomsky para ilustrar la situación en la que vivimos y puede que me equivoque, pero confío en encontrar gente que sé objetivamente que está más capacitada que yo para legislar.
    No veo muchos ejemplos de democracia, ni deliberativa ni participativa ni representativa.
    Personalmente creo que para que la sociedad funcione no necesitas apenas políticos que pretenden intervenir en cada aspecto de la vida. Precisamente en algún país de los que se suele poner como ejemplo de desarrollo y bienestar ha gobernado el mismo partido durante más de 40 años, pero si preguntas a sus habitantes, la mayoría solo volvería allí para ser enterrado.
    En fin, no voy a publicar en 5 minutos “La creación del Nuevo Estado” pero sí tengo claro que lo que conocemos como democracia no lo conocieron ni los griegos clásicos, donde tenías que cumplir ciertos requisitos para participar y que no solo no funciona sino que además es dañino.

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