1/2. La verdad sobre el libre albedrío

Sinopsis

El libre albedrío, la idea de que el hombre es capaz de escoger su propio destino, no es un concepto que el ser humano “reconociera” como propio desde que es hombre. Antes bien, es una concepción cultural que se desarrolló en Occidente a partir del año 323 a. de C., tras la muerte de Alejandro Magno.

I. Libertad en la cultura griega

Sabemos que en el año 0 de nuestra época, con el inicio del cristianismo, la idea del libre albedrío estaba ya desarrollada en Occidente, pues es uno de los elementos básicos constituyentes de la religión cristiana, es especial de la doctrina del pecado.

Ahora bien, si desde el año 0 retrocedemos nueve siglos hacia atrás en el tiempo nos encontramos con la Ilíada, primer texto escrito de la literatura occidental. Y tras un breve análisis nos damos cuenta de algo excepcional: los personajes no se sientan en ningún momento a pensar qué hacer. No tienen mentes conscientes como las que decimos que tenemos y, por supuesto, tampoco tienen introspecciones. Siempre que deben tomar una decisión o realizar una elección, es un dios el que se les aparece y Imagen 1les dice qué deben hacer. Cuando Agamenón roba a Aquiles su amante, por ejemplo, es un dios el que toma a Aquiles y le advierte que no pelee con Agamenón; es un dios el que susurra a Helena que limpie su corazón con el anhelo del hogar; un dios el que oculta a Paris frente a los ataques de Menelao; es un dios el que le dice a Glauco que tome el bronce por oro; es un dios el que lleva los ejércitos al combate, el que habla a cada soldado en los momentos decisivos, el que arguye con Héctor y le dice qué debe hacer. Los hombres de la Ilíada no tenían voluntad propia ni, ciertamente, noción de libre albedrío. Los comienzos de la acción se encuentran en los hechos y discursos de los dioses. De tal manera, podemos concluir que en el siglo IX a. C. la noción de libre albedrío todavía no había sido desarrollada (Julian Jaynes El origen de la conciencia en la ruptura de la mente bicameral).

Sin embargo, podemos acotar mucho más el terreno. La palabra en griego que significa libertad es eleutheria (ἐλευθερία). Una buena manera de saber qué significaba para los griegos es acudir a los textos en los que está escrita y ver que significado tiene en ellos. Y si procedemos de tal modo, constatamos que eleutheria era una palabra utilizada a la hora de referirse al estatus político de los hombres como libres o esclavos. En ninguno de los textos en los que aparece es utilizada en un sentido moral o metafísico, como corresponde al libre albedrío. Un par de ejemplos lo ilustrarán mucho mejor:

Diógenes Laercio, carta entre Epiménides y Solón, Libro I-113 (VI a. C.): biasanu7

Ellos [los atenientes], al acordarse de la advertencia de Solón, sienten remordimientos y vergüenza, y no soportarán que se los tiranice. Y aún en el caso de que Pisistrato lograra dominar la ciudad, no creo desde luego que ese poder alcance hasta sus hijos. Es difícil que personas que se liberaron con las mejores leyes consientan en ser esclavos.

Platón, Las leyes 701e (IV a. C.): Imagen 2

…vimos que entonces aquellos regímenes gozaban de una extraordinaria prosperidad, y que cuando el uno o el otro extremaron sus rasgos específicos –la esclavitud o la libertad– no consiguieron ningún provecho.

Con este último testimonio de Platón, acotamos el surgimiento de la idea de que el hombre es libre de elegir su propio destino a un punto temporal situado entre el año 0 y el siglo IV a. C. Vale la pena añadir en este punto que el mismo Platón no nos habla ni una sola vez en sus Diálogos del libre albedrío y que la única vez que habla del hombre en tanto que individuo lo define como un bípedo implume.

Ahora bien, no solo los textos nos indican que en la Grecia clásica no se había desarrollado todavía la noción de libre albedrío. La noción misma de individuo era desconocida para los griegos. Aristóteles nos habla del hombre como un ser parlante y que, por naturaleza, es conviviente, convive con los demás (Política, Libro I):

Está claro que la ciudad es una de las cosas naturales y que el hombre es, por naturaleza, un animal cívico.

Por ello la polis (la sociedad) era concebida como una realidad natural y no como algo artificial creado por el hombre (como defenderán más tarde las teorías del contrato social, por ejemplo con Hobbes y Rousseau). Por ello, a su vez, el hombre es por naturaleza un animal cívico. La concepción de la sociedad que tiene el liberalismo es justamente opuesta: originariamente se encuentran los individuos aislados en una libertad natural y voluntariamente se unen en una sociedad para la mejor satisfacción de sus necesidades, siendo por tanto la sociedad un artificio de los hombres.

La polis, como entidad política, ordenaba el universo de los filósofos griegos. No era posible pensar en un individuo fuera del contexto de la polis y quizás por ello apenas nos han llegado testimonios de destierros. El mismo Sócrates prefiere la muerte a tal castigo, quién además en su juicio se defiende diciendo que era un dios interior el que le incitaba a aguijonear con cuestiones filosóficas a los ciudadanos atenientes. ¡Tal camino no había sido elegido por él, sino por un dios interior! En consonancia con tal idea, continuamente podemos leer en los textos griegos (en especial en las tragedias) como en ningún caso se concibe al hombre como libre y por tanto poseedor de su propio destino, sino que está en todo momento a merced de los dioses y sus caprichos.

II. El periodo helenístico

Ni Platón nos habla en ningún momento del libre albedrío ni tampoco lo hace Aristóteles. Pero tras este aparece Alejandro Magno (de quién el Estagirita fue maestro) y con sus actuaciones cambia la realidad social, política y cultural de toda Grecia. Comienzan a llegar nuevas de Oriente, fusionándose diferentes formas de expresión cultural. Otras ciudades empiezan a rivalizar con Atenas como centros culturales (Alejandría o Antioquía, por ejemplo). Se suprime, además, por voluntad de Alejandro, la distinción entre griegos y bárbaros (no griegos) creando así la idea del hombre cosmopolita. Y quizás lo más importante de todo: el modelo de la polis como fundamento de la realidad entra en crisis debido a la perdida de autonomía que sufren las ciudades griegas ante la nueva forma de organización política, el Imperio.

Todo ello provoca un caos y un desorden en la realidad sin precedentes. A. J. Festugière nos dice (Personal religión among the Greeks, pp. 40-41):

no se encuentra periodo de la historia más atormentado que el de los primeros siglos de la época helenística. Hubo innumerables guerras entre los sucesores de Alejandro, y un sin fin de cambios de fortuna. El vencedor de hoy era el vencido de mañana… la guerra no concluía jamás. Las ciudades griegas eran tan pronto aliados de una potencia como enseguida de otra. Luego surge el poder de Roma… Los campos son arrasados; el mar, infestado de piratas; en parte alguna puede encontrarse vida segura. El tipo de soldado endurecido, el mercenario, se hace común. De todo esto nace y halla amplia acogida la noción de que todo en este mundo está gobernado por un poder inconstante y cruel, por la Tysche o Fortuna, o incluso por el azar.

Ante una nueva experiencia del mundo, alejado del orden de la polis y caracterizado, como acabamos de ver, por el caos y la inestabilidad, la filosofía busca una nueva representación del mismo en el hombre. Ya no se preocupa por investigar la realidad trascendente externa, sino que se vuelca hacia el interior del hombre. De esta manera, aparece la noción del individuo, que busca ser feliz en tiempos de desolación, colocándose la ética en el primer plano de la filosofía. Y para alcanzar la serenidad interior, la ataraxia, depende de sí mismo: se concibe, por primera vez, como libre de escoger su propio destino.

Imagen 4

Aparece así por primera vez en occidente y de la mano de las filosofías helenísticas (estoicismo, epicureísmo y escepticismo) la noción de que el hombre no es un ser sometido a las fuerzas ocultas de los dioses, sino que posee una cualidad llamada libre albedrío para escoger su propio destino y conseguir la serenidad interior.

En la siguiente entrada veremos una de estas primeras concepciones del libre albedrío, en concreto la concepción de Epicuro de Samos.

AGL

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