El hombre es un bípedo implume

Imagen 8El hombre es un bípedo implume. Así definió Platón al ser humano, como un animal que camina sobre dos patas y no tiene plumas. Se cuenta que Diógenes el cínico, tras escuchar las palabras de Platón, se presentó ante él con un gallo desplumado, exclamando “¡he aquí el hombre de Platón!”. Tras ello, el maestro se vio obligado a añadir “y con uñas planas” a su definición inicial.

A partir de Aristóteles el problema de qué es el hombre entra de pleno en el espacio del pensamiento. Desde entonces, los pensadores han tratado de encontrar cuál es aquella “característica especial”, la esencia, que diferencia al hombre del resto de cosas existentes.

En este sentido, la respuesta a la pregunta se ha ido enfocando desde diferentes puntos de vista. Primero desde la metafísica (mundo antiguo), luego desde teología (edad media), más tarde desde la matemática (modernidad) y por último desde la biología (a partir de Darwin y El origen de las especies). Y tras el fracaso de esta última en dar una respuesta satisfactoria a la pregunta, pues el hombre no es solamente un ser viviente, sino que es además un ser que trabaja, que tiene lenguaje, cultura, etc., una ingente amalgama de saberes humanos (psicología, sociología, lingüística, economía, neurología, etc.) han surgido y aportado cada uno su propio grano de arena, sin llegar a formar, no obstante, un espacio de confluencia donde dichas visiones pudieran ponerse en común.

Desde todas estas ramas del saber, se ha dicho que aquella “característica especial” es: la razón, la libertad, la voluntad, la consciencia, la consciencia de la muerte, el alma, el lenguaje, la cultura, el pensamiento, las relaciones sociales, el trabajo, la existencia, el subconsciente, la mente, el gen FoxP2, y un largo etc.

Ahora bien, es importante resaltar que la esencia del hombre no puede venir por una diferencia de grado, sino que debe venir, justamente, por una diferencia esencial. Por ejemplo, tomemos la consciencia. Muchos pensadores han situado en ella la diferencia entre el hombre y el animal. Sin embargo, se han realizado experimentos con delfines y elefantes que muestran como dichos animales presentan ciertos grados de consciencia de si mismos (por ejemplo, se han colocado elefantes delante de un espejo con un circulo blanco pintado alrededor de uno de sus ojos, y se ha visto como los elefantes se tocaban el circulo blanco con la trompa, identificándose, por tanto, a si mismos). Por ello, la consciencia es una diferencia de grado con respecto a los animales. No es algo absoluto, que un ser tenga o no tenga, sino que es algo que puede presentarse en múltiples niveles. Si una garrapata tiene un grado 0 de consciencia y el hombre tiene un grado 100, las tortugas podrían tener un grado 3, los delfines y los elefantes un grado 33 y los chimpancés un grado 40.

En este sentido, podemos mostrar como la mayoría de las “posibles esencias” del hombre citadas en la lista anterior son diferencias de grado. Los chimpancés son seres sociales (viven en grupo y se relacionan), que trabajan (utilizan herramientas para su sustento), razonan (pueden resolver problemas matemáticos simples), tienen lenguaje, ciertos ritos grupales (y por tanto cierta cultura), etc. Y es más, si un ser presenta cierto grado de racionalidad, pensamiento y consciencia, como es el caso de los chimpancés, también debe tener cierto grado de libertad.

Personalmente, tras mucho estudiar y meditar sobre el tema, pienso que la búsqueda de la esencia del hombre, en caso de existir, debería apuntar hacia su imaginación, entendida esta como la capacidad de crear mundos o realidades. El hecho de que yo pueda resolver una suma más rápido que un chimpancé no me diferencia de él sino en el grado de capacidad deductiva. Sin embargo, la posibilidad de escribir y crear un mundo con sus propias leyes físicas e históricas, y con personajes provistos de sentimientos y motivaciones; la posibilidad de pintar un cuadro cuya imagen es siempre algo totalmente nuevo en la existencia; la posibilidad de imaginar pasados y futuros potenciales, alejados de la realidad física; la capacidad de proponer un modelo del mundo con sus leyes y estructura. Esta capacidad de creación, aunque no sea fáctica, sino imaginativa, es algo que solo tiene el hombre. Y, precisamente, la capacidad creativa es una de las características principales que el hombre siempre ha atribuido a los Dioses.

Por ello, la imaginación creativa aleja al hombre de la animalidad, y en tanto que le permite la libre creación de mundos y realidades, lo convierte en Dios de sí mismo.

AGL

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