¿Monarquía o República?

A. Argumentos a favor de una Monarquía

(1) El Presidente de la República es una figura ideológica, de derechas o de izquierdas. En este sentido, el monarca es neutro, lo cual ayuda a la unidad y cohesión de un país en momentos en que la sociedad pueda estar dividida en posiciones ideológicas enfrentadas. A su vez, en tiempos de inestabilidad política, debido a su neutralidad, la institución monárquica no se verá afectada por las crisis de la derecha o la izquierda, o por las crisis de la política en general, mientras que no sucederá lo mismo con el Presidente de la República. El Rey es un mástil que permanece siempre firme, dando cohesión y estabilidad a un país.

(2) La persona que heredará la corona dedica todos sus años de educación a prepararse para ser rey. No sucede lo mismo con la persona que ocupa un puesto de Presidente de la República.

(3) El fin del Rey no es la conservación del puesto, sino sus funciones, pues su puesto está asegurado de por vida. En cambio, el puesto del Presidente de la República es elegido democráticamente, por lo que inevitablemente algunas de sus acciones se dirigirán a la conservación del puesto y a la reelección, y no a su más óptima ejercitación.

(4) Paradójicamente, aunque no estén elegidos de manera democrática, los Reyes suelen gozar de una aceptación más amplia entre la población que los Presidente de la República. Por lo que, si llegado el caso, el rey debiera hacer una petición de Estado, es de esperar que la respuesta ciudadana fuera más contundente que en el caso de que la petición fuera realizada por un Presidente de la República.

(5) El rey puede llegar a ser una figura de lobby que consiga ventajas económicas para sus empresas nacionales en otros países monárquicos, papel que un Presidente de República no podría llegar a desempeñar.

B. Argumentos a favor de una República

(1) En una monarquía, la figura del rey está por encima de la ley. La institución monárquica suele gozar de una legislación “especial” que no se aplica a todos los ciudadanos. Por de pronto, nace con el derecho a ser rey, derecho del que carecen el resto de personas. De esta manera, la figura del rey viola la primera base de un Estado de Derecho, que es la igualdad de todos los individuos ante la ley. Y puesto que el Estado de Derecho es seguramente el mayor logro en política de la humanidad, su simple violación por parte de un sistema monárquico debería ser suficiente para preferir una sistema republicano.

(2) El rey no se somete a ningún control. En caso de cometer un error (el cual no tiene porque ser una actuación ilegal, sino un simple error profesional que en el mundo privado sería motivo de despido) no debe rendir cuentas a nadie. A ello hay que sumar, a su vez, la opacidad que presentan la mayoría de monarquías.

(3) En las monarquías actuales, los reyes no acumulan suficiente méritos que justifiquen su necesidad. Si su puesto es simbólico y no tiene ninguna influencia sobre la política ¿qué más da que el cargo sea ocupado por una persona electa democráticamente?

(4) El heredero de un rey puede resultar profesionalmente flojo, aun con todos sus años de preparación. Si ese es el caso, no hay manera de cambiarlo por alguien más capacitado hasta su muerte o su renuncia a favor del siguiente heredero. Por ello, la elección es preferible a la herencia.

(5) Una sociedad debería tener derecho a decidir todas y cada una de las realidades que le afectan de manera democrática.

C. El argumento del coste

Uno de los argumentos más usados en contra de la monarquía es el coste de mantenimiento. Veamos que dicen los datos al respecto.

Empecemos por el caso de España. En 2011, se presupuestaron 8,4 millones para los gastos de la familia real. A ello hay que sumar 5,9 millones para el “apoyo a la gestión administrativa de la Jefatura del Estado”. Esta cantidad adicional se utiliza para pagar los sueldos de los 137 empleados de la Casa Real. Los gastos totales, incluyendo la asignación oficial, ascienden a unos 25 millones de €, lo cual representa un coste aproximado anual por español de 0,53 €.

La comparativa con otras monarquías europeas es complicada, por la poca transparencia de los datos. Aún así, en los medios de comunicación pueden encontrarse los siguientes números.

La Casa Real Británica tiene una asignación de 40 millones de €. La casa real Holandesa tiene una partida de 39,6 millones de euros, seguida de Noruega, con 28 millones, Bélgica, con 13,7 y Dinamarca y Suecia con 12 millones de €.

Pasemos a las Repúblicas. Comparar con los costes del Presidente de la Republica Francesa sea seguramente erróneo, puesto que dicha institución asume muchas funciones ejecutivas que no suelen asumir las monarquías. Sin embargo, con ello en mente, la presidencia de la Republica Francesa cuesta a los galos 112 millones de € anuales. La República Italiana tiene una asignación de 228 millones. La Alemana recibe 20 millones de € anuales, y corresponde a una presidencia sin capacidad ejecutiva, similar a las monarquías.

Imagen 2

La conclusión es que, asumiendo igualdad de funciones, los costes de una monarquía o una república podrían equipararse. El coste económico no puede considerarse un argumento a favor o en contra de ninguno de los dos sistemas.

AGL

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