Kant: ¿Qué podemos conocer?

La pregunta que más quitó el sueño a Kant fue la pregunta por el conocimiento:

  1. ¿Es posible el conocimiento? y en caso afirmativo,
  2. ¿Podemos conocerlo todo? y en caso negativo,
  3. ¿Qué cosas sí y qué cosas no?

Para responder estas cuestiones, Kant elabora una teoría que denomina idealismo trascendental. Esta consiste en afirmar que el conocimiento es una composición entre lo que proviene del exterior y lo que el propio sujeto aporta. Es decir, el conocimiento es una “mezcla” de lo que reciben nuestros sentidos y de ciertas pautas que impone nuestra mente sobre aquello que recibimos. Estas pautas son:

(1) En un primero momento, el espacio y el tiempo

(2) En un segundo momento, lo que Kant llama categorías (12 en total, como por ejemplo Unidad, Negación, Posibilidad, Existencia, etc.).

Es decir: lo que nos llega por los sentidos, nuestra mente lo sitúa en el espacio, luego lo sitúa en el tiempo, luego lo hace pasar por el filtro de las categorías y solo después de estos pasos la “cosa” se nos aparece en la consciencia y la “conocemos”. Es entonces cuando podemos combinarla con otras cosas que hemos conocido previamente para establecer juicios y así “crear” o “descubrir” conocimiento nuevo .

De hecho, como hemos visto, para Kant el espacio y el tiempo son sólo formas que tiene nuestra mente para clasificar lo que nos llega a través de los sentidos, y no existen más allá de la mente del sujeto, esto es, espacio y tiempo no existen “en la realidad”.

La consecuencia de todo esto es que no podemos llegar a conocer las cosas en sí mismas, tal como existen fuera de nuestra mente, porque nosotros, como sujetos, “creamos” o “constituimos” una parte de la cosa antes de que esta “llegue” a nuestra consciencia y la conozcamos.

Antes de Kant, se creía que la relación entre el Sujeto y el Objeto era directa. Se razonaba de la siguiente manera: “ese bolígrafo que veo encima de la mesa es y existe fuera de mi tal y como aparece en mi mente”. Se creía que las cosas que aparecían en nuestra mente eran copias exactas de las cosas exteriores, y que, por lo tanto, se nos mostraban en nuestra mente tal y como eran.

Kant demuestra lo contrario, que la relación entre Sujeto y Objeto no es directa. El Objeto (tal y como se nos presenta en nuestra mente) no existe fuera del Sujeto, sino que es el Sujeto (nosotros) el que constituye el Objeto que percibimos aplicando a lo que nos llega de los sentidos el espacio, el tiempo y las categorías. Por tanto, no podemos llegar a conocer como son las cosas en sí mismas, cómo son las cosas fuera de nuestra mente.

Para entenderlo definitivamente: imaginemos que tuviéramos unas lentes verdes en los ojos que no nos pudiéramos sacar (que representan el espacio, el tiempo y las categorías de nuestra mente). Para ver el mundo (=conocer) tendríamos que mirar a través de esas lentes y por lo tanto lo veríamos todo de color verde. Pero el mundo en sí no sería verde, sino que seríamos nosotros los que imprimiríamos el color verde en el mundo. En este caso, nosotros estaríamos influyendo, a través de las lentes verdes, en la imagen que nos llega del mundo y constituyendo una nueva imagen que no sería exactamente igual a la imagen “real” del mundo, pues sería verde. Y de hecho, como no podríamos sacarnos las lentes verdes, jamás podríamos llegar a ver como sería el mundo “en realidad”.

Así pues, la conclusión de Kant: no podemos llegar a conocer las cosas en sí mismas.

Imagen 2

AGL

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