2/2. ¿Cómo acabar con la pobreza en el mundo?

En la primera parte de ¿Cómo acabar con la pobreza en el mundo? establecimos la tesis de que, inmersos en un sistema capitalista, la única manera de acabar con la pobreza en los países subdesarrollados de manera sostenible es el libre mercado. Las ayudas caritativas, la condonación de la deuda o las distintas subvenciones ayudan a los países pobres, pero tan sólo en el corto plazo.

Para posibilitar el libre mercado, vimos que lo más necesario (o algo imprescindible) es establecer un sistema de infraestructuras comunicativas efectivo que facilite la circulación de personas y mercancías. Y de allí la necesidad de construir carreteras y autopistas en África.

Es cierto, por otro lado, que en dichos países hay muchos otros problemas detrás de la pobreza. Los que más se suelen mencionar son la corrupción de la clase política, el bajo nivel educativo, la presencia de guerras, las continuas hambrunas y las enfermedades.

Ahora bien, con estos problemas sucede que: (1) no tienen una relación estrictamente causal con el desarrollo del libre comercio (solucionar todos ellos no es condición suficiente para el libre comercio) y (2) todos ellos son solucionados por este en mayor o menor medida. Las guerras se libran principalmente por los recursos. Hay numerosos estudios que exponen como las guerras entre los países que comercian son prácticamente inexistentes. El libre comercio trae consigo los alimentos y los medicamentos más competitivos. Sobre la política, es cierto que un gobierno corrupto pondrá más trabas al libre comercio, pero aquí en España también tenemos ese problema y no somos un país subdesarrollado. Finalmente, la educación es importante para el desarrollo de un país, que duda cabe. Sin embargo, el término se sobrevalora en el momento en que es percibido como la solución mágica a todos los problemas. Un determinado nivel de educación es necesario, pero llega un punto en que más educación no implica mayor bienestar, progreso o desarrollo. Según la OCDE, Canadá es el país con más universitarios del mundo (51%), seguido de Israel (46%) y Japón (45%). Sin embargo, en el ranking de países del mundo ordenados por PIB a valores de paridad adquisitiva (según FMI), Canadá ocupa la posición número 13, Israel la número 27, y Japón la número 23.

Los países subdesarrollados tienen un problema que está mucho más relacionado causalmente con su estado de pobreza, y es la falta de ahorro. Ello imposibilita el desarrollo económico, porque una parte esencial de este se basa en la inversión, y sin ahorro no puede haber inversión. En toda economía se cumple que:

Ahorro = Inversión.

El lector aficionado a las matemáticas encontrará la demostración de dicha igualdad aquí, aunque también podemos recurrir al sentido común:

Si soy un granjero de Ghana  y no tengo acceso a los créditos bancarios, la única forma que tengo de comprarme un tractor (inversión) para aumentar mi producción, hacerla más competitiva e incrementar mi nivel de vida, es el ahorro privado.

Ahora bien, sucede que en los países pobres el ahorro es prácticamente inexistente, pues todo lo poco que gana una familia debe gastarlo en comprar los bienes necesarios para subsistir. Si a ello le sumamos las altas tasas de inflación, los elevados impuestos y la imposibilidad de recibir créditos bancarios, entenderemos porque el ahorro es imposible en los países subdesarrollados, y por tanto, porqué la inversión, el desarrollo económico y el libre comercio están tan poco desarrollados.

La misma amiga que acaba de volver de la India que mencioné en el anterior artículo, me explicó cómo su guía turístico se quejaba justamente de esto. Quería comprar un coche para dejar de trabajar en la agencia donde estaba y poder ganar más dinero y aumentar su nivel de vida, pero con lo poco que ganaba le era imposible ahorrar, pues debía destinar todo su salario a la subsistencia.

Para solucionar el problema del ahorro, surgió la idea de los microcréditos, especialmente desarrollada por Muhammad Yunus en su Banco Grameen. La idea es realizar pequeños préstamos a personas pobres (a las que los bancos tradicionales no conceden créditos) para que financien proyectos laborales, con los que podrán obtener un valor añadido y devolver el préstamo. Por ejemplo, con un microcrédito el granjero de Ghana de nuestro ejemplo podría comprar el tractor que no puede conseguir mediante el ahorro privado, aumentar su producción, devolver el préstamo y acabar con un mayor nivel de vida, pues finalmente tendrá un tractor con el que trabajar. Un ejemplo de lo que pueden lograr los microcréditos puede verse aquí.

Los microcréditos han recibido algunas críticas, pero son, hasta la fecha, la mejor herramienta para combatir el problema de la falta de ahorro en los países subdesarrollados.

Conclusión

El libre comercio es la única manera de acabar con la pobreza en los países subdesarrollados de manera sostenible.

Estos países presentan dos problemas esenciales que imposibilitan el desarrollo del libre comercio: la falta de ahorro y la falta de infraestructuras comunicativas.

Supliendo la falta de ahorro a través de los microcréditos, que posibilitarán la inversión, y combinando tal medida con el desarrollo de una red de infraestructuras comunicativas efectiva, los países pobres entrarán en la rueda del libre comercio, que les reportará desarrollo económico y bienestar social de manera sostenible.

Imagen 6

AGL

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