1/5: ¿Alguien dijo Australopithecus?

La antropogénesis

¿Dónde situamos el salto del animal al hombre? ¿En qué momento dejamos de ser “animales” para pasar a ser “hombres”?

Ello es la antropogénesis: el momento en que nace el “hombre-humano” propiamente dicho. Expresado en estos términos: ¿Cuál fue el momento de la revolución antropogenética: el estallido que hace añicos el nacimiento biológico y lo convierte en el acto de llegar-al-mundo? ¿Cuándo dejamos simplemente de tener un nacimiento biológico –propio del animal- para pasar a tener una “entrada-en-el-mundo” -propia del hombre-? ¿Qué cambió en el homo-animal para convertirlo en homo-humanus? ¿En qué momento el hombre adquiere un mundo, y no simplemente un entorno?

En esta idea está, verdaderamente, la clave del origen del hombre, y no simplemente en la aparición del género Homo.

Esta es la primera de cinco entradas que intentará desvelar este misterio, empezando por ver lo que la paleontología nos dice del origen del hombre.

Las musarañas, nuestras primas

Según la paleontología, la historia del “hombre” comienza hace unos 65 millones de años, con la aparición de los primates, mamíferos que tras la desaparición de los dinosaurios comenzaron a vivir en los árboles en lugar de en el suelo. Además del hombre, los simios, los monos y –aquí viene la gran sorpresa- las musarañas, también descienden del primate. En este sentido, nuestro primo más cercano es el chimpancé, del que nos separemos, junto del resto de los primates, hace entre 6 y 7 millones de años, y del que tenemos tan solo una diferencia de sólo el 0,27% en lo que respecta al genoma.

Los Australopithecus

De esta bifurcación del primate acabará surgiendo en el Este y el Sur de África el primero de los homínidos, el género de los Australopithecus, hace unos 4 millones de años, que más tarde evolucionará para dar lugar al género Homo. Este se ramificará a su vez en diferentes especies de Homos, de las que solo sobrevivirá finalmente el Homo sapiens, en todos los sentidos, nosotros mismos.

Los Australopithecus se dividieron en dos grandes familias. Por un lado, la familia de los Australopithecus afarensis, a la  que perteneció la famosa Lucy, y que acabará extinguiéndose por la desertificación de África. Por otro lado, la familia de los Australopithecus africanus sobrevivirá gracias a volverse carnívora y de ella surgirá el género Homo. Se calcula que el Australopithecus se extinguió hace unos 2 millones de años.

Los Pre-australopithecus y la picardía de las mujeres

Hemos situado al género de los Australopithecus como nuestro pariente intermedio entre los primates y el género Homo. Hemos dicho, a su vez, que del chimpancé nos separamos hace unos 6 o 7 millones de años, y que el Australopithecus surgió hace unos 4 millones de años. Solo hay que hacer la resta para descubrir allí un vacío histórico.

Hay varias especies de Pre-australopithecus que llenan ese vacío, todos con nombres fáciles de memorizar. Los Sahelanthropus tchadiensis (6-7 millones de años), los Orrorin tugenensis (6 millones de años) y los Ardipithecus (5,5-4,5 millones de años). El problema aquí es si podemos considerar a estas especies como homínidos, pues no está claro que fueran bípedos. A ello hay que sumar que prácticamente no se han encontrado restos de estas especies.

Salvo de los Ardipithecus. En 1992 se descubrió el esqueleto casi completo de una hembra de Ardipithecus a la que se bautizó como Ardi, pero no ha sido hasta el 2009 que se han publicado las investigaciones del esqueleto.

Ardi vivó hace 4,4 millones de años en el valle de Afar, Etiopía, convirtiéndose por el momento en la madre de la humanidad. Se estima que Ardi media un metro con veinte de altura y pesaba unos cincuenta kilos, además de tener una capacidad craneal de unos trescientos centímetros cúbicos, cuatro veces menor que la nuestra y más pequeña que la del chimpancé. Aún así, se cree que ya había iniciado la marcha bípeda y tenía los colmillos más pequeños que el resto de primates.

La disminución del tamaño de los colmillos se ha relacionado con una reducción de la agresividad social y por lo tanto con un aumento de la capacidad de la vida en grupos de forma relativamente pacífica. Mas aún, se cree que la capacidad bípeda permitió la recolección de alimentos por parte de los machos y ofreció a las hembras la posibilidad de quedarse en los árboles cuidando de las crías, por lo que más crías sobrevivían contribuyendo así a la ampliación de los grupos. Otra prueba que refuerza esta reducción de la agresividad es la supuesta capacidad que las hembras desarrollaron para ocultar la ovulación a los machos: por norma general, los machos solo recogían frutos para las hembras en periodos de fertilidad, pero al ocultarles estas el embarazo lograban que los machos pensaran que seguían estando en tal periodo y que les siguieran trayendo frutos. Esta capacidad, se cree, contribuyó además a que la cópula se extendiera a las fases no fértiles del ciclo menstrual, algo muy infrecuente en el resto del mundo animal.

El origen de la Bipedestación y el Himalaya

Todos los miembros pertenecientes a los homínidos tienen una serie de características comunes, a saber, pueden mantenerse erguidos y caminar sobre dos pies, poseen un pulgar desarrollado que les permite manipular objetos, y su capacidad cerebral es relativamente grande en comparación con el resto de los primates. Estos rasgos irán haciéndose cada vez más acentuados a lo largo de la evolución. Sin embargo, el primero de los rasgos en surgir fue el bipedismo.

Un cambio tan drástico como el de pasar a moverse de cuatro o a dos patas se ha relacionado con un cambio igual de drástico en el entorno. Y así fue. Debemos situarnos en África, en aquel entonces una gran selva, poblada, entre otras especies animales, por nuestros antepasados los Ardipithecus y los Australopithecus.

Se dice que la Tierra andaba intranquila. El fondo marino se estaba expandiendo y la corteza terrestre se movía a la misma velocidad a la que crecen las uñas. Fruto de este movimiento, la actual India empezó a desplacerse de Sur a Norte, chocando finalmente con el continente y provocando el surgimiento del Himalaya, hace aproximadamente cincuenta millones de años. El Himalaya tuvo un importantísimo efecto en el clima: originó fuertes tempestades –lo que mas tarde se han denominado monzones- que eliminaron parte de la humedad del aire. Así, lentamente, el aire que fluyó a África ya no era húmedo, sino seco, por lo que la selva comenzó a retroceder, dando paso a un nuevo paisaje seco y sin árboles.

Si se piensa detenidamente, en aquel nuevo paisaje la posición erecta era la más adecuada para la supervivencia: permitía un inmenso campo de visión, tanto para buscar alimento como para localizar depredadores. Esta nueva posición erguida contribuyó a que la ampliación del cerebro fuera posible. Un dato curioso es que un cuarto de nuestro cerebro está destinado a la vista. Posición, además, que contribuyó al desarrollo de las manos, en especial de los pulgares, pudiendo ser orientadas así hacia la manipulación de objetos, ya que éstas no ya eran necesarias para caminar.

Homo Sapiens v.s. Hombre de Neanderthal

Los fósiles más antiguos de Homo sapiens son de hace 200.000 años (Etiopía). En aquel momento de la evolución convivieron, mayoritariamente, dos especies diferentes: el Hombre de Neanderthal y el Homo sapien. El hombre de Neanderthal no es ancestro del ser humano, sino una linea evolutiva paralela, ambos surgidos del Homo erectus/Homo ergaster.

Hace 90.000 años el Homo sapiens llegó a Oriente Medio, y hace 45.000 a Europa. Allí se encontró con el Hombre de Neanderthal que huía hacia el sur debido a la glaciación que cubría el norte de Europa. En la batalla por los recursos, el Homo Sapiens acabó relegando al Hombre de Neanderthal a la periferia de Europa (España y Croacia) donde acabó por extinguirse hace unos 28.000 años.

Así que nos encontramos con el Homo Sapiens como último superviviente de los homínidos, y poblando pequeños territorios en casi todo el mundo. Desde este momento a la aparición de las primeras sociedades agrícolas (Oriente, 8500 a.C.) no hay mucha diferencia temporal.

Y menos aún para el desarrollo de las ciudades (6000 a.C.), la escritura (3000 a.C.) y la filosofía (600 a.C.). Pero eso es ya otro momento histórico: historia, y no prehistoria.

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4 thoughts on “1/5: ¿Alguien dijo Australopithecus?

  1. Anda! Así que hemos dejado de ser animales? Y yo aquí tan tranquilo soñando con hembras congéneres.
    Bueno, yo no tengo muy claro que seamos los primeros sapiens. Creo que el neanderthal era bastante parecido y desde luego mucho más resistente. En alguna parte han encontrado algo que parece una tesela mortuoria (no está claro), lo que podría indicar que creían en el más allá. También se han encontrado fósiles a los que les fue amputada una extremidad y sobrevivieron. No me preguntes cómo lo saben pero también he leído que fornicaban con otras especies, como nosotros y probablemente con nosotros, y no me creo que acabásemos con ellos. Además no solo nos tropezamos con ellos, había al menos otras dos subespecies y por supuesto ya existía Cataluña, había un caganer en una cueva cerca de Andorra que se parecía muchísimo a Mas y unas pinturas rupestres que parecen reflejar un déficit fiscal ya de aquella.

  2. En eso tienes toda la razón. Yo he leído en varios sitios que el neanderthal había desarrollado cierta consciencia de la muerte, por la exteriorización que hacía en tumbas y otras formas culturales. Y el dato más curioso, si se cogiera del pasado a un niño neanderthal y se pusiera en nuestras escuelas, tendría una capacidad de aprendizaje muy parecida a los otros niños. De hecho, el experimiento se ha realizado en instalaciones secretas de la CIA, aunque algunos especímenes lograron escapar. Seguro que te has topado con alguno. No son peligrosos, solo quieren buena comida y buen fornique.

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